Redacción Gedesco | 5 Septiembre 2013

¿Qué son las SICAV?

Se viene hablando desde hace tiempo de los beneficios fiscales que disfrutan determinadas personas que tributan a través de SICAV, pero ¿sabemos lo que son estas instituciones y cómo funcionan? ¿Son realmente tan beneficiosas?

En primer lugar, las SICAV son Instituciones de Inversión Colectiva, esto es entidades que se dedican a la captación de fondos, bienes o derechos del público para gestionarlos e invertirlos en bienes, derechos, valores u otros instrumentos y en los que el rendimiento del inversor se establezca en función de los resultados colectivos.

Hablamos, por tanto, vehículos de inversión, organizaciones que captan y gestionan fondos con el objeto de obtener beneficios con esas inversiones y que luego se reparten entre los partícipes.

La tributación de las SICAV

Las SICAV tributan a través del Impuesto de Sociedades. El principal beneficio fiscal es que lo hacen a un tipo mucho más reducido que el resto, al 1% frente al 30% que es el tipo general. Para que se puedan acoger a este régimen fiscal han de cumplir una serie de requisitos:

* El número mínimo de accionistas debe ser de 100.
* La autorización, registro y control de las SICAVs está supervisado por la CNMV.
* El capital social inicial de una SICAV será de 2.400.000 euros como mínimo, totalmente suscrito y desembolsado.
* Se pueden crear SICAVs por compartimentos diferenciados con objetivos de inversión distinta pero en estps casos cada uno contará de manera independiente con un mínimo de 20 accionistas y un capital de 480.000 euros, sin perjuicio de cumplir los mínimos anteriores.
* La gestión de la SICAV la puede realizar la propia sociedad anónima o puede encomendarse su gestión a una sociedad gestora.
* La SICAV puede realizar operaciones con acciones propias sin tener que cumplir con los requisitos impuestos por la Ley de Sociedades Anónimas.

Beneficios para los partícipes

El beneficio de tributar a un tipo tan reducido es, lógicamente, muy atractivo para los partícipes, pero éste desaparece a la hora de retirar esos beneficios para su patrimonio particular, ya que dicha retirada supone una tributación igual a la de cualquier otro producto financiero realizado por un contribuyente cualquiera.

Aquí hay una salvedad, ya que no se está obligado a tributar hasta que la cantidad retirada supere la invertida. Se considera que lo que primero retira el partícipe es su inversión y no los beneficios, por tanto hasta el momento en que se considere que ya se ha podido retirar la cantidad correspondiente a su inversión el participe no tributara por las retiradas.

Salvando este último punto los partícipes de las SICAV no están obteniendo un beneficio fiscal mayor que el diferimiento en el pago de impuestos. No tributarían por las inversiones realizadas cuando éstas se producen, al hacerlo a través de la SICAV, pero sí cuando vayan retirando las plusvalías.

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