Redacción Gedesco | 18 Febrero 2013 |

¿Qué es el apalancamiento?

“El apalancamiento es la relación de capital propio y capital de crédito que componen el capital total utilizado en una operación financiera”. Esta es la definición del término que ofrecen los diccionarios económicos. ¿Queda claro? ¿No? Puede contarse de manera más sencilla: básicamente, el apalancamiento consiste en recurrir al endeudamiento para financiar alguna operación. En lugar de utilizar sólo los fondos propios, se usan estos y un crédito. El apalancamiento consiste en la proporción entre el capital propio y el crédito.

La principal ventaja del apalancamiento es que permite multiplicar la rentabilidad de una inversión. Por ejemplo, un inversor adquiere 1.000 euros en acciones de una empresa que, pasado un tiempo, valen 1.500 euros. Ha ganado 500 euros. Un 50% de rentabilidad.

Sin embargo, pongamos que el inversor recurre al apalancamiento y se endeuda para invertir. Es decir, pide un crédito. Para simplificar, establezcamos que este apalancamiento es de 4:1. Por cada euro de capital propio, nos prestan 4. Esto es: el inversor anterior, con esos 1.000 euros, podría realizar operaciones por un volumen de 5.000 euros, pues el banco o la entidad financiera le ha prestado 4.000. Pongamos que las acciones, como antes, suben un 50%, de 5.000 a 7.500 euros. El inversor tendría que devolver el dinero prestado más un interés, digamos, del 10%: 4.000 + 400: 4.400 euros. Le quedarían 3.100 euros de ganancia. Como el inversor sólo había puesto 1.000 de capital propio, la rentabilidad se dispara por encima del 200%.

Por supuesto, en el caso del apalancamiento las pérdidas también se disparan. Si un inversor compra 5.000 euros en acciones y estas caen un 50%, perdería 2.500 euros. Pero si hubiera comprado esos 5.000 euros usando un apalancamiento de 4:1, como en el ejemplo anterior, no sólo perdería 2.500 euros, sino que aún tendría que devolver la cantidad prestada y los intereses, los 4.400 euros antes señalados. Las pérdidas, pues, también se multiplican.

El apalancamiento no se utiliza sólo para invertir en los mercados. Muchas operaciones inmobiliarias, como la compra-venta de viviendas que se adquieren utilizando hipotecas, recurren a este instrumento financiero. Y lo mismo sucede con muchas operaciones empresariales: las adquisiciones de otras compañías se financian a menudo con apalancamiento.

El riesgo que a veces implican estas operaciones se ha puesto de manifiesto durante la crisis: muchas entidades financieras (y unas cuantas empresas) habían llegado a niveles de apalancamiento de hasta el 100%. Cuando la burbuja económica pinchó, sus pérdidas fueron inasumibles y todo su negocio, basado en el endeudamiento, se derrumbó como un castillo de naipes.

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