Un aval es una garantía de pago. Los avales los suelen exigir los bancos a la hora de conceder un préstamo o crédito. El avalista es la persona que se hace cargo de la deuda en caso de que el prestatario (persona a la que se la concede el préstamo) no pueda hacer frente al pago.

Un aval funciona como un contrato de afianzamiento a través del cual, una entidad confía en que un tercero va a cumplir con una obligación financiera. Cuando se solicita un aval, lo que se pretende es consolidar una garantía de que se va a cobrar. Cuando un banco solicita a una persona que pide un crédito un aval, el objetivo es asegurarse de que recibirán el dinero aún en el caso de que la persona que ha recibido el crédito no pueda hacer frente a los pagos.

Significado y definición de aval

Tal y como define la Real Academia Española (RAE), un aval es “la obligación que alguien adquiere de hacer aquello a lo que otra persona se ha comprometido en caso de incumplimiento”. Se trata de una definición redactada desde un plano un tan general que conviene que le demos una vuelta para situar al aval como una figura dentro del terreno financiero que es donde nos estamos moviendo nosotros.

La figura del aval que aparece con mucha asiduidad en términos financieros, es un término que está muy ligado con los contratos de préstamos e hipotecas, e incluso en algunos casos también está vinculada con los contratos de alquiler de inmuebles. Puede que te encuentres ante alguno de estos casos, por lo que te recomendamos que sigas leyendo este artículo.

Consideramos que la definición de aval que mejor se adecua al contexto en el que nos estamos moviendo es la que ha aportado el propio Banco de España. Según la entidad, se considera aval “una forma de garantizar o asegurar el cumplimiento de obligaciones económicas”. Asimismo, con el objetivo de aportar un poco más de información a la ciudadanía respecto a esta figura, el banco añade que “quien avala (el avalista) se declara dispuesto a hacer frente a los compromisos del avalado (normalmente, el pago de una determinada cantidad de dinero) frente a una tercera persona o empresa (el beneficiario del aval) en caso de que el avalado no lo haga”.

Como puedes comprobar, se trata de una definición más amplia del universo del aval. Poniéndolo en otras palabras podemos decir que el aval es un tipo de garantía personal. En este sentido, una tercera persona se compromete a asumir la deuda que tiene otra persona frente a un prestamista concreto. En caso de que dicha persona deudora no cumpla con su obligación económica frente al prestamista, será el avalista quien responda del impago.

¿Cuándo necesitaremos avales?

Ahora que ya sabes en qué consiste un aval según las definiciones oficiales aportadas por las entidades mencionadas en el apartado anterior, conviene entrar en detalle sobre otro de los puntos clave para entender el funcionamiento del aval: cuándo se necesita. Debes saber que existen diferentes tipos de avales en función de la necesidad que tengas. Más adelante explicaremos con detenimiento cada tipo de aval pero es recomendable tener presente en todo momento que hay varias categorías de los mismos de cara a leer este apartado sobre cuándo se necesitan los avales.

La entidad financiera es quien se encarga de pedir a los clientes un aval a la hora de firmar un contrato de crédito o de préstamo.

Puede ser un préstamo personal o también un préstamo empresarial para una persona jurídica. Por otro lado, la forma más común de solicitar un aval es a la hora de contratar con la entidad financiera una hipoteca. Además, en muchas ocasiones es la propia entidad bancaria quien se convierte en el avalista de un tercero. De forma que se encarga tanto de solicitarlo como, en el caso de que no haya avalista, plantea la opción de automáticamente convertirse en el avalista de dicho crédito o préstamo.

En este contexto se plantean dos tipos de avales. Por un lado, un aval de carácter mercantil en el que los bancos u otras entidades de crédito actúan como beneficiarias del mismo y, por otro lado, están los avales como mero producto financiero que se oferta a los clientes.

En el primer caso lo habitual es que las entidades de crédito soliciten el aval a los clientes ante préstamos o créditos que alcanzan unas cantidades de dinero muy elevadas. La razón para hacerlo es que, al estar hablando de cantidades cuantiosas, se pone en entredicho o es existente la duda sobre que el deudor tenga la solvencia suficiente para hacer frente al préstamo.

En este sentido, es necesario que exista un avalista que, generalmente, tiende a ser una persona cercana al deudor que, en caso de impago, se subrogue en el lugar de este y haga frente al impago. El avalista, por su parte, siempre tendrá que ser una persona solvente que tenga la capacidad patrimonial suficiente para hacer frente a dicho pago. Deberá ser mayor de edad, demostrar que no tiene ninguna deuda pendiente y, además, deberá quedar señalado como avalista en el contrato de préstamo y firmar el mismo como avalista. En caso de impago, es el avalista quien responde de dicho impago con sus bienes presentes y futuros hasta que termine de saldar la deuda de la que es avalista.

Por otro lado, moviéndonos hacia el segundo tipo de aval que hemos mencionado (como mero producto financiero que se oferta a los clientes), significa que es la propia entidad financiera quien se convierte en avalista.

El Banco de España también ha explicado esta situación y ha establecido lo siguiente: “en estos avales, las entidades financieras no prestan dinero, pero sí asumen el riesgo de tener que hacer frente al pago en caso de que el cliente incumpla sus compromisos”.

Tipos y clasificaciones de avales

Existen diferentes formas de clasificar a los avales, en función de diversas variables. En primer lugar, distinguimos entre el aval en sí mismo y el aval como producto:

  • Aval en sí mismo. Este aval es el que exigen las entidades financieras cuando conceden un crédito. Este es el aval encargado de responder ante la entidad por las obligaciones adquiridas por el beneficiario del préstamo.
  • El aval como producto. Este aval lo ofrecen los bancos y las entidades financieras. En este caso, el banco no concede un préstamo, sino que a cambio de una cantidad de dinero (una comisión), se recibe un aval para contratar un préstamo por un tercero.

También los avales se pueden distinguir en función del emisor. En este caso encontramos:

  • Aval personal. Este es el aval emitido por una persona física o jurídica, quien se compromete al pago de la deuda en caso de incumplimiento del prestatario, o deudor principal. Funciona como una garantía adicional al patrimonio del deudor. Este tipo de aval es el habitual en la concesión créditos al consumo y financiación de empresas, y son avales gratuitos, es decir, que el avalista no recibe ningún importe del avalado por otorgarle el aval.
  • Aval bancario. En este caso es una entidad financiera la que avala y se compromete a pagar una deuda.

En cuanto a los tipos de avales como producto financiero, diferenciamos entre:

  • Aval económico. En este tipo de aval, la entidad financiera responde de un pago aplazado (ya sea un alquiler, compra, pagos a Hacienda, etc.). En estos avales se garantiza que se va a pagar algo en un futuro. El aval económico puede, a su vez, ser comercial, en caso de que el banco responde ante el incumplimiento por parte del cliente en transacciones comerciales; o también financiero, cuando el banco responde en préstamos, créditos, letras de cambio o pagarés.
  • Aval Técnico. Aquí la entidad financiera responde económicamente del incumplimiento de obligaciones de naturaleza no económica. Los avales técnicos son  aquellos en los que se garantiza que vamos a efectuar una obra o servicio tal y como se ha solicitado. Este tipo de avales se solicitan en casos de concursos públicos, obras, contratos de suministro, etc. En la mayor parte de estos casos, se exige un pre aval para poder participar en un concurso público.
  • Créditos documentarios. Estos son avales internacionales. Suelen solicitarse en operaciones de importaciones y exportaciones. La entidad financiera se hace cargo de un pago, siempre que se cumplan las condiciones exigidas por parte del exportador. Lo habitual en estas operaciones es que sea el banco del país del importador el que intervenga.

Infografía de los tipos y clases de avales