Redacción Gedesco | 5 Octubre 2012 | Economía para todos

La importancia de la inflación

“Aumento generalizado de los precios en una economía determinada”

En una economía de mercado, los precios de los bienes y de los servicios están sujetos a cambios al alza o a la baja. En este contexto, la inflación es un aumento generalizado de los precios que no se limita a determinados artículos. Como resultado, pueden adquirirse menos bienes y servicios por cada euro, de modo que cada euro “vale” menos que antes. Durante la famosa hiperinflación alemana, que llegó a su cima en 1923 y fue provocada por la impresión indiscriminada de billetes que el Gobierno realizó para afrontar las enormes reparaciones exigidas por los vencedores de la I Guerra Mundial, los historiadores recogen que un sándwich pudo llegar a costar el equivalente a 6.000 euros actuales…

Para calcular la inflación, este aumento medio de los precios, no todos los productos tienen el mismo peso: las cosas en las que se gasta más (como la electricidad) tienen una ponderación mayor que otras en las que se gasta menos (como el café). Así, se tienen en cuenta todos los bienes y servicios que consumen las familias: los artículos de consumo diario (por ejemplo, los alimentos), los bienes de consumo duradero (las lavadoras) y los servicios (la peluquería o el alquiler de vivienda). El conjunto de bienes y servicios que consumen las familias durante un año se llama “cesta de la compra”, y la tasa de inflación se calcula comparando el precio de ésta en un mes determinado con el precio que tenía en el mismo mes del año anterior.

En la Unión Europea, el guardián de la inflación es el Banco Central Europeo (BCE), cuya función principal es mantener la estabilidad de precios de la zona euro, vigilando que el aumento de precios sea muy ligero. Según la propia definición del BCE, “existe estabilidad de precios cuando la inflación interanual se sitúa en tasas inferiores, aunque próximas, al 2%”. Sin embargo, si una inflación excesiva es muy perjudicial para la economía porque reduce el valor del dinero y, por tanto, el poder adquisitivo de las personas; una disminución generalizada de precios, la llamada “deflación”, también es negativa. Como los precios bajan, las empresas y las familias retrasan sus compras y sus inversiones esperando que estos toquen fondo, con lo que disminuye la actividad económica y, a la larga, bajan los salarios y aumenta el desempleo. No obstante, en contextos excepcionales como el actual, hay economistas que están afirmando que una deflación podría resultar beneficiosa.

¿Qué provoca la inflación? Fundamentalmente, el aumento de la masa monetaria. Esta inflación monetaria se produce cuando la oferta de dinero crece a una tasa superior a su demanda, por lo que éste pierde valor. Si el banco central de un país emite mucho dinero, aumenta el poder adquisitivo y por tanto la demanda de productos. Pero si la oferta no aumenta en la misma medida, por falta de capacidad empresarial (o por las razones que sean), los precios crecerán. Es la razón por la que los países controlan que “la máquina de hacer dinero” no se desmadre. También existen la inflación de demanda, que ocurre cuando la demanda de un bien sube más rápido que la oferta, por lo que aumenta el precio de éste; y la inflación de costes, que sucede cuando aumentan los costes de la producción de un bien y las empresas mantienen sus márgenes de beneficios mediante una subida del precio de sus productos. Por último, se habla de inflación estructural cuando se entra en una espiral de aumento continuo de precios y de salarios, lo que a su vez conlleva nuevos aumentos de precios y de salarios, y así sucesivamente…

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