Redacción Gedesco | 29 Octubre 2016

Cómo recuperar el IVA de facturas impagadas

¿Es necesario pagar el IVA de una factura si aún no se ha cobrado el importe?

Toda factura emitida por una empresa o un profesional autónomo debe ir acompañada de su Impuesto de Valor Añadido (IVA) correspondiente. Sin embargo, la morosidad es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las empresas, por lo que es posible que una factura se emita, pero no se cobre, porque el cliente no la abone a tiempo.

Por otro lado, todo autónomo o empresa debe presentar trimestralmente su facturación, y abonar su IVA correspondiente. Pero, ¿qué pasa si, llegado ese momento, no se  ha cobrado alguna factura emitida?, ¿hay que abonar el IVA a pesar de no haber cobrado esa factura? A priori, el IVA debe abonarse, incluso si el importe de la factura no se ha cobrado. Una vez emitida, el IVA debe pagarse.

Esto supone un problema para las empresas, que acaban endeudándose, o retrasándose en otros pagos para poder hacer frente a los impuestos. Sin embargo, existen una serie de trámites que se pueden llevar a cabo para modificar la base imponible.

La base imponible del impuesto se puede reducir, tal y como se especifica en la Agencia Tributaria, siempre y cuando los créditos correspondientes a las cuotas sean incobrables, considerándose así cuando el crédito reúna las siguientes condiciones:

  • Que haya pasado un año desde el devengo del impuesto repercutido, sin haber cobrado parte del crédito o el crédito completo. Desde el 1 de enero del pasado 2015, también puede ser un plazo de 6 meses, siempre que el titular del crédito sea una pyme o un autónomo, y cuyo volumen de operaciones en el año anterior no supere los 6.010.121,04 euros.
  • En operaciones a plazo, el año o los seis meses, empiezan a contar desde el vencimiento del plazo o los plazos impagados, y no desde el devengo del impuesto repercutido. Considerando operación a plazo o con precio aplazado, a las que se tenga apalabrada que su contraprestación tenga que hacerse efectiva en pagos sucesivos, o en un único pago, respectivamente. Sin embargo, es necesario que el periodo entre el devengo del impuesto repercutido y el vencimiento o único pago sea superior al año, o, en caso de ser una pequeña o mediana empresa, 6 meses. En este tipo de operaciones tan solo es necesario solicitar el cobro de uno de los plazos para que el crédito pueda ser considerado incobrable, y, por tanto, la base imponible pueda reducirse en función de ese plazo o plazos impagados.

Para poder modificar la base imponible se deberá efectuar la reducción como máximo en los tres meses posteriores a la finalización del primer año, o seis meses en el caso de las pymes, contando desde el devengo de la operación o el vencimiento del plazo  plazos impagados.

Formas de evitar situaciones de impagos

Con el objetivo de evitar tener que recurrir a estos trámites, las empresas pueden llevar a cabo acciones o contratar servicios financieros que ayuden a mantener los pagos al día. El factoring es un tipo de financiación con la que las empresas consiguen liquidez inmediata, una vez emitan su factura, por lo que cuentan con el dinero para poder abonar el IVA correspondiente.

La empresa que lo contrata, a la que se le llama cedente, cede los derechos de cobro a una entidad financiera, la que se ocupa de adelantar el dinero correspondiente a las facturas, y también a gestionar directamente con el cliente o deudor los pagos. Esto significa que con el factoring las empresas o los profesionales autónomos también se olvidan de realizar este tipo de gestiones, en caso de tener que reclamar un pago.

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