Redacción Gedesco | 12 Noviembre 2015 | Economía para todos

Impuestos nacionales en España: directos e indirectos

Impuestos nacionales en España: directos e indirectos

Los impuestos nacionales se pueden clasificar de diversas maneras, aunque la más común es la subdivisión entre impuestos directos e impuestos indirectos. Los primeros se aplican sobre la capacidad económica. Dicho de otro modo, gravan la posesión de un patrimonio determinado o la obtención de una renta. Se podría decir, para hacer más fácil su comprensión, que se aplica sobre posesiones y sobre beneficios que obtiene una persona o una empresa.

En cuanto a los impuestos indirectos, se aplican a la circulación de los bienes o servicios. Es decir, si una entidad vende a otra un determinado producto, la Agencia Tributaria recibe una cantidad de dinero por esa transacción. A continuación repasaremos y profundizaremos en cómo recauda el Estado los impuestos nacionales (directos e indirectos), y cómo puede el ciudadano solicitar la devolución de impuestos, en el caso de que haya errores o se hayan pagado impuestos de más.

Los principales impuestos directos

El más común y conocido es el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas). Como su propio nombre indica, se encarga de gravar los ingresos derivados de la renta de las personas. Es decir, se aplica sobre la capacidad económica, de ahí que lo encuadremos dentro de los impuestos directos.

El Impuesto de Sociedades sería el segundo más común, dentro de esta tipología. A grandes rasgos, se podría decir que funciona igual que el anterior, con la diferencia de que en lugar de utilizarse para la renta de las personas, se aplica sobre los beneficios de las empresas.

Existen otro tipo de tasas menos conocidas o comunes, pero que también se incluirían dentro de los impuestos nacionales y, más concretamente, dentro de los impuestos directos. Por ejemplo, el de Sucesiones y Donaciones. Ante una sucesión, las personas reciben una cantidad de dinero, y esto es considerado por la Agencia Tributaria como obtención de una renta, por lo que entra perfectamente en la denominación de impuestos directo. El caso más habitual en el que se aplica el Impuestos de Sucesiones es cuando se recibe una herencia.

Otro impuesto directo es el de Patrimonio. Se calcula restando los bienes de una  persona menos las deudas o cargas que posee.

Estos serían los más comunes y conocidos, aunque existen otros menos habituales, debido a que gravan circunstancias menos comunes. Un buen ejemplo de este tipo sería el impuesto sobre la Renta de no Residentes, que recae sobre las personas que consiguen beneficios en España, aunque en realidad no viven en nuestro país.

Los principales impuestos indirectos

El más famoso, y también más odiado, es el IVA (Impuesto sobre Valor Añadido). Grava la transacción de bienes y servicios entre entidades y personas. Dicho de otro modo, cualquier producto a la venta conlleva un recargo derivado del IVA, en el momento de su adquisición. Es muy conocido porque nos afecta a todos en nuestro día a día, y muy poco querido puesto que encarece los productos, cuestión que dificulta la competitividad del vendedor y el poder adquisitivo del comprador. Para minimizar este impacto negativo, existen productos que cuentan con un IVA menor, por ser considerados productos de primera necesidad. El tipo habitual de este impuesto indirecto es del 21%, aunque existe el tramo reducido (10%) y superreducido (4%).

Otros impuestos nacionales que encuadraríamos dentro de los impuestos indirectos serían el de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, la Renta de Aduanas, o los Impuestos Especiales, que solamente pagan las personas que compran o consumen bienes muy concretos, como son el Alcohol, los hidrocarburos, el tabaco y la matriculación de medios de transporte.

Devolución de impuestos

La devolución de impuestos puede obtenerse de dos formas. La más conocida es a través de la Declaración de la Renta. La Declaración, que a todos nos toca realizar a mediados de año, sirve para ajustar qué impuestos hemos pagado y cuáles deberíamos realmente haber abonado, en función de nuestra situación laboral, deudas, patrimonio y otros valores.

La Agencia Tributaria posee una serie de datos con nuestra situación económica, y en función de ella, pagamos una serie de impuestos. Con la Declaración se puede producir una devolución de impuestos, en el caso de que nuestra situación haya cambiado con respecto a la información que tiene Hacienda.

Un ejemplo práctico sería el de un autónomo que está pagando mensualmente un 20% de IRPF. Es decir, el 20% de sus ingresos va para la Agencia Tributaria. Este sería el tipo general, pero la Ley establece que el IRPF debe ajustarse en función de los ingresos, de manera que si el autónomo ha ganado menos, tendrá que tributar con un nivel más bajo que el mencionado 20%. Al presentar la Declaración de la Renta, el autónomo demostrará que efectivamente ha ganado una cantidad inferior, y que su tramo de cotización en la renta obtenida debe ser más bajo. En este caso, Hacienda iniciará un proceso de devolución de impuestos.

El otro caso de devolución de impuestos se deriva de errores por parte de la Agencia Tributaria. Imaginemos que detectamos un error en una Declaración ya presentada. Existe un escrito de rectificación, denominado “Solicitud de ingresos indebidos” con el que informamos a Hacienda de que nos ha cobrado más de lo debido y que, por tanto, debe haber una devolución de impuestos.

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