Redacción Gedesco | 1 Agosto 2013 |

La flexibilidad es vital para una empresa

Flexibilidad en la empresa

En muchos ámbitos de la vida ser flexibles es una cuestión de supervivencia. Saber adaptarse a nuevas circunstancias y realidades es una de las claves fundamentales para desarrollarnos como seres humanos. En el mundo de la empresa la cosa no es muy diferente. Una empresa flexible, con estrategias adaptativas y acciones enfocadas a sortear los obstáculos coyunturales es una empresa mucho más preparada para triunfar.

Lo primero que necesita una empresa para ser flexible es predisposición. Debe existir una voluntad de adaptarse. Hay empresarios que viven en la convicción de que lo suyo es una tarea casi divina y que sus decisiones son dogmas de fe infalibles.

Todo es susceptible de cambiar aunque debe ser a mejor

Aceptar que se deben hacer cambios no supone necesariamente que algo se esté haciendo mal; simplemente que se puede hacer mejor. Empezando por el plan de negocio, todo es susceptible de ser revisado y adaptado a las circunstancias concretas del momento. Eso sí, una empresa debe ser flexible pero sin perder la perspectiva del largo plazo, que es la que debe primar siempre en la planificación de estrategias y acciones. Por ejemplo, en la situación económica actual las empresas deben sobrevivir a la tormenta, pero sin perder de vista que lo que está ocurriendo es un cambio de paradigma y no una simple crisis pasajera.

Una planificación flexible no es aquella que cambia desde los pilares cada semana. Evidentemente, la planificación debe revisarse constantemente pero sin grandes revoluciones, sino ajustando a cada momento los puntos que se hayan quedado obsoletos o no se ajusten a la nueva realidad.

Liderazgo flexible pero resolutivo

La idea de la flexibilidad debe empezar por los directivos y transmitirse a los trabajadores de la empresa. Es importante contar con jefes que sean capaces de leer cada situación y saber adaptarse a ella mediante estrategias nuevas e imaginativas. Es fundamental en este sentido que no se dé casi nada por sentado y todo se someta a un riguroso análisis. Cuando una empresa asume estos principios en épocas difíciles está sembrando la semilla del crecimiento cuando amaine la tempestad.

Un aspecto que se debe cuidar mucho es el de los tiempos. Si hay que hacer cambios, deben hacerse rápido. De otra manera se puede transmitir una idea de que se está improvisando y eso tiene unas consecuencias fatales de cara al equipo de trabajo, al mercado y a la propia imagen de la compañía.

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