Redacción Gedesco | 26 Diciembre 2013

¿En qué consiste la banca ética?

La banca ética es un sistema “alternativo” a la banca tradicional cuya razón de ser es utilizar prácticas diferente a las habituales en el sistema financiero. Tratan de apartarse del resto de entidades del sector en base a ofrecer a sus cliente unos criterios de gestión no tanto basados en la maximización de beneficios y en la especulación sino en operar en la economía real.

Persiguen unos objetivos de transparencia, función social, no especulación y apoyo a proyectos enfocados en la sostenibilidad. Su enfoque de negocio es similar a la banca tradicional, captar fondos y ofrecer financiación, pero desde el prisma de mantener una serie de valores en la gestión.

Estas entidades suelen tener dentro de su organización un comité ético que evalúa los proyectos a apoyar y cuyos criterios a la hora de dar o no el apoyo solicitado se basan tanto en la parte financiera como en el espíritu del mismo. Reservando una parte de sus fondos para financiar el progreso de los más necesitados.

Sin embargo no podemos perder de vista que por muy nobles que sean sus principios, la sostenibilidad de este sistema depende de una buena selección de riesgos. Como toda sistema financiero su éxito es captar fondos de clientes a los que se les ofrece una remuneración (intereses) por su dinero para prestarlo luego a otros que puedan necesitarlo y que han de pagar a su vez unos intereses derivados de ese préstamo.

La capacidad de devolución de las cantidades prestadas y los intereses pactados son los que determinarán, a su vez, la posibilidad de que los que hacer aportaciones puedan recuperarlas y beneficiarse de la rentabilidad asociada a esa aportación. Podemos entender que las personas que se acercan a este tipo de entidades prefieran cobrar un interés más bajo para que se pueda mantener este sistema, pero no estarán dispuestas a perder su dinero.

Por tanto la banca ética ha de funcionar, en esencia, como cualquier otra entidad en muchos aspectos. Su espíritu, su política comercial y su gestión puede ser diferente al tradicional sistema bancario, pero no dejará de ser, por su bien, un sistema que equilibre los beneficios y la rentabilidad que ofrece a sus clientes y la de sus inversiones.

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