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Gonzalo García Crespo | 15 Enero 2013 | Casos de éxito

Dulce negocio: Campo de la Miel

Para vender un producto, no hay nada mejor que mostrar un amor incondicional hacia él y su forma de fabricarlo. Es lo que ha hecho la cooperativa gaditana Campo de la Miel, que no sólo se ha dedicado a elaborar y vender este producto apícola, sino que además ha creado un museo para compartir sus conocimientos y transmitir su pasión por la miel.

Esta empresa familiar se dedica a la recolección y comercialización de miel, jalea real, meloja, cera y propóleos, que consigue en las 1.700 colmenas agrupadas en 40 colmenares que posee entre los parques naturales de la Sierra de Grazalema y de Los Alcornocales de la provincia de Cádiz. La calidad de sus productos, como explican en su página web, la avalan los cinco primeros premios obtenidos en el concurso Mieles de Andalucía, entre los años 1998 y 2002.

Deseosos de convertirse en algo más que un fabricante más (valga la redundancia), Campo de la Miel creó su propia marca, Rancho Cortesano, con la que comercializan diversas variedades de miel: de eucalipto, romero, azahar, encina, brezo, mil flores… También producen y venden caramelos, polen, jalea real, velas de cera pura de abejas y jabones naturales. Un mundo de miel como el que soñaba Winnie the Pooh y donde este producto puede utilizarse para las cosas más diversas. Como afirma la empresa: “La miel cura o mitiga los trastornos intestinales, las úlceras de estómago, el insomnio, los males de garganta, ciertas afecciones cardiacas y aumenta el vigor muscular. En uso externo, cura las quemaduras, las heridas…”

Pero además, esta compañía ha puesto en marcha un museo para mostrar los secretos de su producto. Es el Museo de la Miel y las Abejas, situado en las cercanías de Jerez y donde revelan la historia de este producto, los utensilios empleados en su fabricación, los misterios de la apicultura y los entresijos del complejo mundo de las abejas. Este museo enseña de primera mano cómo es el proceso de fabricación de la miel mostrando el trabajo de una colmena real. El centro está dirigido principalmente a grupos de escolares (incluso organiza fiestas de cumpleaños en las que incluye cuentacuentos, juegos y talleres), pero también recibe a familias y particulares.

Y al final del recorrido, el museo ofrece una exposición y degustación de los productos de Rancho Cortesano. Una forma excelente de promocionar su producto, revalorizar su marca… y conseguir que al visitante se le haga la boca agua para que no pueda resistirse a la compra.

Foto | Trypode

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