Redacción Gedesco | 1 Julio 2013 | Consejos para empresas

Consejos para afrontar la crisis

Consejos para afrontar la crisisQue me perdone el lector si ya está saturado de escuchar y leer la palabra crisis. Crisis por aquí, crisis por allá y poca información realmente útil sobre cómo salir de esta y en qué condiciones quedará el mundo que conocemos después de esta crisis. Para las empresas es necesario tener claro cómo actuar en este contexto, que no es el que todos deseamos, pero es el que nos ha tocado. Habrá que afrontarlo.

Este artículo no es un dogma de fe, pero al menos esperamos que sea útil para capear el temporal.

¿Qué vendrá después de esta crisis?

Planifica a largo plazo: la crisis, por muy dura que esté siendo, no será eterna. Lo que sí parece es que aún será larga, así que habrá que adaptarse a esa realidad.

Olvida todo lo que aprendiste: quizá tampoco hay que ser tan radical, pero esta crisis tiene más pinta de un cambio de modelo que de un vaivén cíclico. Esa nueva realidad exigirá nuevas estrategias y herramientas empresariales.

Aprovecha para reestructurar: si los dos primeros consejos son ciertos, algo hay que hacer para que no nos pille el toro. Intenta sacar el máximo partido de los recursos de los que dispones con vistas a esa recuperación.

Espera agazapado o sal de la trinchera: esto más que un consejo son dos opciones de cómo hacer las cosas. Hay opiniones para todos los gustos sobre si en época de crisis se debe nadar y guardar la ropa o se deben aprovechar las oportunidades saltando a por ellas. Decide bien tu estrategia.

La crisis afecta pero no tiene la culpa de todo

No culpes a la crisis de todos los males de la empresa: probablemente algo estemos haciendo mal independientemente de la crisis. Lamentarnos y escurrir el bulto culpando a la crisis de todos nuestros males no soluciona nada.

No uses la crisis como excusa: escudándose en la crisis hemos visto a algunas empresas tomar decisiones cuando menos polémicas. Hablamos, sobre todo, de recortes de personal previamente decididos, pero presentados como inevitables al amparo de la situación macroeconómica. Esto, aparte de poco ético, da una imagen lamentable de una empresa.

Si no es estrictamente necesario, evita los despidos: la reducción de plantilla le quita a la empresa talento, conocimiento y cualificación. Por no hablar de que algunos despidos salen muy caros. Ese talento perdido podría servirle a la empresa para salir del bache y para crecer cuando vengan tiempos mejores.

 

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