Redacción Gedesco | 7 Noviembre 2014 |

Concurso de acreedores voluntario y necesario, ¿qué diferencias hay?

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Seguro que alguna vez has oído hablar de que tal o cual empresa ha quebrado o ha incurrido en suspensión de pagos. Pues bien, aunque todos entendemos de qué se trata cuando se habla de estas dos expresiones, después de las últimas modificaciones legales, el término correcto que se debe emplear es que “la empresa ha entrado en concurso de acreedores”. Sin embargo, el concurso de acreedores no siempre tiene que ser una situación forzosa y existen dos tipos fundamentales, el concurso de acreedores voluntario y el necesario. ¡Veamos las diferencias entre uno y otro!

Concurso de acreedores voluntario

Aunque por el propio nombre ya puede darnos una idea de qué se trata, examinemos en profundidad en qué consiste. Para que el concurso de acreedores voluntario se active debe ser el deudor quien lo ponga en marcha, ya sea una persona física o jurídica. ¿Cuándo puede darse este caso? Normalmente, cuando el deudor está en una situación de insolvencia o está a punto de llegar a ella. Antes de llegar al impago de sus deudas y si ve que en el corto plazo la situación se va a hacer insostenible, el deudor puede acudir a este tipo de concurso para conseguir la futura viabilidad de la empresa.

Y es que con este procedimiento las deudas contraídas se paralizan. De este modo, se tiene la oportunidad de renegociar las deudas y de dar un respiro a la situación financiera.

Concurso de acreedores necesario

A diferencia del concurso de acreedores voluntario, en el necesario son los acreedores quien lo solicitan, de manera que aquellos acreedores que tienen en sus pasivos impagos de créditos de su titularidad pueden solicitar el concurso de la empresa deudora.

De todo lo anterior se deduce que mientras que el concurso de acreedores voluntario es un derecho, el necesario es un deber. Ello implica, por ejemplo, que en el voluntario los gestores internos todavía pueden seguir gestionando la situación financiera del negocio (aunque sea con la supervisión de un administrador externo o de un juez) mientras que en el necesario la gestión pasa directamente a manos externas.

Ninguna de las dos opciones es una decisión agradable de tomar, pero muchas veces es mejor utilizarlas para ofrecerle una posibilidad de éxito al negocio en lugar de resignarse al fracaso. También es importante tener en cuenta que si se utiliza uno de los dos procedimientos para darle una nueva oportunidad al negocio, es importante acometer desde el primer momento el proceso de resolución de deudas.

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